martes, 21 de febrero de 2012

Por dentro y por fuera


Por fuera,
reniego tu existencia,
reniego haberte querido.
Por dentro,
sigo queriéndote,
derritiéndome por el recuerdo de tus besos.

Añoro volver a sentir
la forma en que posabas
tu boca sobre mis labios;
esa particular manera de besarme,
de hacerme tuya y
de sentirme
no sólo querida,
sino que deseada.

Por fuera,
soy dama de hierro,
fría como el hielo.
Por dentro,
soy llama ardiente
que ansía tus caricias
y desea tu lujuria.

Por fuera,
te odio,
porque me dejaste
desolada,
herida,
destrozada,
muerta en vida,
siendo yo muy joven.
Por dentro,
soy flor naciente,
volcán que erupciona,
suspiro que se exhala,
orgasmo que se reproduce.

Por fuera,
soy retazos de una niña que amó
con ingenuidad y ternura.
Por dentro,
soy mujer joven,
ansiosa de volverte a ver
y a sentir,
dispuesta a volverte a amar,
deseosa de perdonar y olvidar,
ilusionada con la
idea de que has cambiado.

Por fuera,
soy consciente que
no has cambiado, y
que sigues siendo
el mismo
cerdo manipulador,
al que me arriesgué
a querer una vez
y al cual debo olvidar.

(La Hormiga)

lunes, 20 de febrero de 2012

La cabeza, el cuerpo y el corazón


La cabeza y el cuerpo
pueden ser fuertes,
racionales,
pensantes;
pero el corazón
no.

El corazón es cruel,
es traicionero,
es débil,
y se autoengaña.

El corazón no olvida,
mantiene vivo el recuerdo y el cariño
que la mente quiere olvidar,
que el cerebro entiende
que es dañino y destructivo.

El corazón se enamora de quien no debe,
desea lo que no vale la pena,
extraña a quien no merece,
llora por el no correspondido.

Mi corazón es débil y
mantiene el recuerdo
de un canalla
vivo, despierto, deseoso de volverlo a ver.

Mi cabeza me dice
que estoy equivocada,
que lo ignore;
mi corazón me dice
que viaje a verlo
que me reencuentre con él
en el sueño,
en el pasado,
o en la vigilia del sueño,
esa que pilla desprevenido al inconsciente.

El cuerpo, la carne,
son manejados por la cabeza,
y pueden eximirse del pecado;
pero el corazón,
el corazón sigue sintiendo,
sigue latiendo
y autoengañando a la cabeza
de que aquel mal amor se fue
y fue olvidado.

Estas palabras de desamor,
como rosa marchita,
se crean por el amor que
yo aún siento,
y que no se ha ido;
pero se crean por el deseo
de que todo esto pase al olvido.

(La Hormiga)