miércoles, 3 de junio de 2009

Caracol


Como un caracol cualquiera, tomé mis miedos y rabias,
y fui dejando rastro de mis penas,
marcando mi agenda con asteriscos de
tristezas,
y dejando en una petaquita, bien apretadas,
todas las alegrías de mi infancia.

Tuve que dejar muchas olvidadas,
para poder conectar pedazos sueltos de dolor
con experiencias pronunciadas
con olor del presente.


La filantropía de artrópodos camaradas
fue mucho más diminuta que ellos mismos,
dejándome en claro que execrarlos no era algo nuevo para ellos.
Mis sentimientos comenzaron latentemente a implorar salir de un corazón baboso, los minutos empezaron a avanzar y con ello mis emociones saltaron, corrieron, se revolcaron en el barro.

Entonces, como aturdida por el viento, pasé a abdicar mi buen seso,
absolví a aquellos insectos de todos sus actos,
y como mi nombre lo dice, me di vueltas con estas ideas por las escaleras como un disco rallado.
(La Hormiga)

2 comments:

Carla dijo...

Fascinante tu texto Hormiga. Me gusto mucho

Habitaciones rojas, pensamientos negros dijo...

El mejor perdón es el que nos otorgamos a nosotros mismos...

Beso rojos,
HR.